jueves, 19 de enero de 2017

Obispo estadounidense da instrucciones a todas sus parroquias de no dar la Comunión a los divorciados que no vivan en continencia

Se trata de S. E. Mons. Steven Lopes, primer Obispo del Ordinariato Personal de la Cátedra de San Pedro en Estados Unidos, uno de los ordinariatos establecidos por S. S. Benedicto XVI para la admisión en la plena comunión con la Iglesia Católica de comunidades provenientes del anglicanismo.

Según informó ayer el Catholic Herald (aquí), Mons. Lopes acaba de enviar una Carta pastoral titulada "A pledged troth" (Unos esponsales comprometidos) a las 42 parroquias y comunidades parroquiales anglocatólicas de Estados Unidos en al que, a diferencia de la recientemente publicada por los obispos de Malta (ver aquí), ratifica el Magisterio de la Iglesia sobre la situación de los adúlteros.

En la misma, Mons. Lopes recuerda que los divorciados unidos civilmente con otra persona distinta a su legítimo cónyuge no pueden comulgar si no están "comprometidos a la continencia completa", así como que la indisolubilidad es parte de la naturaleza del matrimonio.

Aunque sea una obviedad -hoy en día no tanto, dada la confusión generalizada-, Mons. Lopes también ha recordado a los fieles que para poder comulgar tienen que confesarse antes, sacramentalmente, de todos los pecados mortales, para lo cual deben tener propósito de la enmienda, que también incluye la intención de no volver a cometer el pecado de adulterio:

"Una pareja vuelta a casar civilmente que decide guardar completa castidad y, por tanto, se compromete a no volver a pecar, está en una situación muy diferente a una pareja vuelta a casar [civilmente] que no tiene intención de vivir en castidad, por mucho que ésta sienta pesar por el fracaso de su primer matrimonio. En esta situación, no reconocen que su impureza, que es adulterio, es gravemente errónea, o no tiene intención firme de dejar de pecar [...] A menos que, o hasta que, los casados civilmente manifiesten honestamente su intención de abstenerse por completo de las relaciones sexuales, la disciplina sacramental no les permite el acceso a la Eucaristía".

Mons. Lopes, contra el argumento de los obispos de Malta que aseguran que es "humanamente imposible" no pecar -una herejía condenada solemnemente por los cánones del Concilio de Trento-, reconoce que la abstinencia sexual de estas parejas no es fácil, pero recuerda que "Dios no nos abandona en nuestras debilidades y dificultades". También recuerda que no puede haber excepciones a las leyes morales absolutas y que "la Palabra de Dios y la enseñanza autoritativa de la Iglesia son fuente de la verdad permanente para educar la conciencia". En este sentido, citando el Catecismo de la Iglesia Católica, afirma que "la conciencia no es una ley en sí misma, ni está por encima de la santa Ley de Dios, ya que debe ser testigo de la autoridad de la verdad pero no crea esa verdad".

También ha recordado que la exhortación apostólica "Familiaris consortio", de San Juan Pablo II, sólo admite una excepción para que los divorciados vueltos a unir civilmente puedan comulgar: el compromiso de vivir en continencia. Al mismo tiempo, afirma que se debe defender "Amoris laeitita" de quienes hacen un uso erróneo de ella para promover prácticas contrarias al Magisterio de la Iglesia.

Finalmente, ha señalado que fueron precisamente las posturas opuestas sobre temas como el de los divorciados, pero también sobre la contracepción o la homosexualidad, las que provocaron la ruptura de la Comunión anglicana y su "rechazo de la Escritura, la Tradición y la razón", al aceptar dar la "comunión" a los divorciados recasados civilmente.

miércoles, 18 de enero de 2017

El Arzobispo Metropolitano, el Arzobispo emérito y el Obispo Auxiliar de Kazajistán hacen llamamiento de oración para que el Papa Francisco revoque las orientaciones pastorales heterodoxas derivadas de la aplicación de "Amoris laetitia"

S. E. R. Mons. Tomash Peta, Arzobispo Metropolitano de la Archidiócesis de Santa María en Astaná (Kazajistán), S. E. R. Mons. Jan Pawel Lenga, Arzobispo emérito de Karagandasu y S. E. Mons Athanasius Schneider, Obispo auxilar de Santa María en Astaná (que aparecen en la imagen que abre esta entrada, por ese orden), acaban de hacer público un llamamiento a la oración para que el Papa Francisco confirme la doctrina católica sobre la indisolubilidad del Matrimonio y las condiciones requeridas para recibir la Eucaristía, y revoque las orientaciones pastorales heterodoxas que se están implementando en diferentes partes del mundo como resultado de la aplicación de "Amoris laetitia".

Los obispos de Kajajistán constatan que "después de la publicación de la Exhortación Apostólica 'Amoris laetitia', en algunas Iglesias particulares se han publicado normas para su aplicación e interpretaciones, según las cuales los divorciados que han contraído matrimonio civil con una nueva pareja, a pesar del vínculo sacramental con el que están unidos a sus cónyuges legítimos, podrían ser admitidos a los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía, sin cumplir con el deber previo, establecido por Dios, de cesar la violación del vínculo sacramental del Matrimonio".

Según afirman, los obispos que permiten comulgar a los adúlteros colaboran "con la ofensa continua contra el vínculo del sacramento del Matrimonio, contra el vínculo nupcial entre Cristo y la Iglesia, y contra el vínculo nupcial entre Cristo y la persona que recibe su Cuerpo eucarístico [...] Las mencionadas orientaciones pastorales contradicen la tradición universal de la Iglesia Católica que, a través del ininterrumpido ministerio petrino de los Sumos Pontífices, ha sido siempre fielmente preservada, sin sombra de duda o de ambigüedad, tanto en la doctrina como en la práctica, en lo que concierne a la verdad de la indisolubilidad del Matrimonio".

Por este motivo, estos tres obispos han hecho un llamamiento de oración por el Papa Francisco, para que confirme la práctica invariable de la Iglesia sobre la verdad de la indisolubilidad del Matrimonio: "Hacemos con profunda solicitud pastoral esta urgente llamada a la oración para que el Papa Francisco revoque de forma inequívoca las orientaciones pastorales antes mencionadas, ya introducidas en algunas Iglesias particulares [...] Hacemos esta llamada a la oración con la conciencia de cometer un acto de omisión si así no lo hiciéramos. Cristo, Verdad y Supremo Pastor, nos juzgará cuando regrese. A Él pedimos, con humildad y confianza, que retribuya a todos los pastores y a todas las ovejas con la corona incorruptible de la gloria eterna (cfr. 1 Pe 5,4)".

Por otra parte, no es previsible que "L'Osservatore Romano" publique este documento de los obispos de Kazajistán -que han lanzado en siete idiomas-, a diferencia del escrito por los heterodoxos obispos de Malta (ver aquí), que sí ha publicado el diario vaticano.

Este es el llamamiento de oración íntegro:


Llamada a la oración:
para que el Papa Francisco confirme la práctica invariable de la Iglesia
sobre la verdad de la indisolubilidad del Matrimonio

Después de la publicación de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, en algunas Iglesias particulares se han publicado normas para su aplicación e interpretaciones, según las cuales los divorciados que han contraído matrimonio civil con una nueva pareja, a pesar del vínculo sacramental con el que están unidos a sus cónyuges legítimos, podrían ser admitidos a los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía, sin cumplir con el deber previo, establecido por Dios, de cesar la violación del vínculo sacramental del Matrimonio.

La convivencia more uxorio con una persona que no sea el cónyuge legítimo es un insulto a la Alianza de Salvación, de la cual el Matrimonio sacramental es un signo (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 2384), e implica también una ofensa al carácter nupcial del mismo misterio eucarístico. El Papa Benedicto XVI ha explicado tal correlación: «La Eucaristía corrobora de manera inagotable la unidad y el amor indisolubles de cada Matrimonio cristiano. En él, por medio del sacramento, el vínculo conyugal se encuentra intrínsecamente ligado a la unidad eucarística entre Cristo esposo y la Iglesia esposa (cf. Ef 5,31-32)» (Exhortación apostólica Sacramentum caritatis, 27).

Los pastores de la Iglesia que toleran o incluso autorizan
aunque en casos individuales o excepcionales– administrar el sacramento de la Eucaristía a los así llamados «divorciados recasados», sin que éstos tengan la «vestidura nupcial», a pesar de haber sido Dios mismo en la Sagrada Escritura (cf. Mt 22,11 y I Cor 11,28-29) quien lo ha ordenado para la digna participación en la cena nupcial eucarística, colaboran de esta manera con la ofensa continua contra el vínculo del sacramento del Matrimonio, contra el vínculo nupcial entre Cristo y la Iglesia, y contra el vínculo nupcial entre Cristo y la persona que recibe su Cuerpo eucarístico.

Diversas Iglesias particulares han emanado o recomendado las siguientes orientaciones pastorales con tal o semejante formulación: «Si esta opción [de vivir en continencia] es difícil de practicar para la estabilidad de la pareja, Amoris Laetitia no excluye la posibilidad de acceder a la Penitencia y a la Eucaristía. Esto implica una cierta apertura, como en el caso en el que exista una certeza moral que el primer matrimonio es nulo, aunque no hayan pruebas para demostrarlo en los tribunales. Por lo tanto, será el confesor, en algún momento, en su conciencia, después de mucha reflexión y oración, que tendrá que asumir la responsabilidad ante Dios y ante el penitente, autorizando el acceso a los sacramentos en modo confidencial».

Las mencionadas orientaciones pastorales contradicen la tradición universal de la Iglesia Católica que, a través del ininterrumpido ministerio petrino de los Sumos Pontífices, ha sido siempre fielmente preservada, sin sombra de duda o de ambigüedad, tanto en la doctrina como en la práctica, en lo que concierne a la verdad de la indisolubilidad del Matrimonio.

Las mencionadas normas y directrices pastorales también contradicen, en la práctica, las siguientes verdades y doctrinas que la Iglesia Católica ha enseñado ininterrumpidamente y de forma segura:

  • La observancia de los diez Mandamientos de Dios, en particular del sexto Mandamiento, obliga a todos los seres humanos sin excepción, siempre y en cualquier situación. En este asunto no es aceptable admitir casos o situaciones excepcionales, o hablar de un ideal más completo. Santo Tomás de Aquino dice: «Los preceptos del decálogo contienen la misma intención del legislador, esto es, de Dios (...) De donde se sigue que absolutamente excluyen la dispensa» (S.Th., 1-2, q. 100, a. 8c).
  • Los requisitos morales y prácticos derivados de la observancia de los diez Mandamientos de Dios y, en particular, de la indisolubilidad del Matrimonio, no son simples reglas o leyes positivas de la Iglesia, sino la expresión de la santa voluntad de Dios. Por lo tanto no se puede hablar, a este respecto, de la primacía de la persona sobre la regla o sobre la ley. Antes bien se debe hablar de la primacía de la voluntad de Dios sobre la voluntad pecaminosa de la persona humana para que ésta sea salvada, cumpliendo con la ayuda de la gracia la voluntad de Dios.
  • Creer en la indisolubilidad del Matrimonio y contradecirla con sus actos, incluso considerándose libre de pecado grave, apaciguando la conciencia con la fe solamente en la misericordia de Dios, es un auto-engaño contra el que ya advirtió Tertuliano, un testigo de la fe y de la práctica de la Iglesia en los primeros siglos: «Algunos dicen que basta aceptar la voluntad de Dios con el corazón y con el alma, aunque los hechos después no correspondan a ello. Piensan así que pueden pecar, manteniendo intacto el principio de la fe y del temor de Dios. Esto es como si una persona afirmase que mantiene el principio de la castidad, y al mismo tiempo corrompe y viola la santidad y la integridad del vínculo matrimonial» (Tertuliano, De Paenitentia 5, 10).
  • La observancia de los Mandamientos de Dios, y en particular en lo tocante a la indisolubilidad del Matrimonio, no puede ser presentada como una especie de ideal más completo al cual se debe tender según el criterio de lo posible o de lo factible. Se trata, al contrario, de un deber ordenado por Dios mismo de manera inequívoca, cuya inobservancia implica, según Su propia palabra, la condenación eterna. Decir a los fieles lo contrario sería engañarles y empujarles a desobedecer la voluntad de Dios, poniendo de esta manera en peligro su salvación eterna.
  • Dios da a cada uno la ayuda necesaria para guardar Sus Mandamientos, si se pide con rectitud, como la Iglesia ha siempre enseñado infaliblemente: «Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas y pedir lo que no puedas, y te ayuda para que puedas» (Concilio de Trento, sesión 6, cap. 11). Enseña también: «Si alguien dijere que, incluso para el hombre ya justificado y constituido en gracia, los Mandamientos de Dios son imposibles de observar, sea ​​anatema» (Concilio de Trento, sesión 6, cap. 18). Siguiendo esta doctrina infalible, San Juan Pablo II enseña: «La observancia de la ley de Dios, en determinadas situaciones, puede ser difícil, muy difícil: sin embargo jamás es imposible. Ésta es una enseñanza constante de la tradición de la Iglesia» (Veritatis Splendor, 102). Enseña también: «Todos los esposos, según el plan de Dios, están llamados a la santidad en el matrimonio, y esta excelsa vocación se realiza en la medida en que la persona humana se encuentra en condiciones de responder al mandamiento divino con ánimo sereno, confiando en la gracia divina y en la propia voluntad» (Exhortación apostólica Familiaris Consortio, 34).
  • El acto sexual fuera de un Matrimonio válido, y el adulterio en particular, es siempre objetivamente un pecado grave. Ninguna circunstancia ni ningún fin pueden hacer que sea permisible y aceptable a los ojos de Dios. Santo Tomás de Aquino dice que el sexto Mandamiento es obligatorio incluso en el caso en que un acto de adulterio pudiera salvar un país de la tiranía (De Malo, q. 15, a. 1 ad 5). San Juan Paulo II enseñó esta verdad perenne de la Iglesia: «Los preceptos morales negativos, es decir, los que prohíben algunos actos o comportamientos concretos como intrínsecamente malos, no admiten ninguna excepción legítima; no dejan ningún espacio moralmente aceptable para la creatividad de alguna determinación contraria. Una vez reconocida concretamente la especie moral de una acción prohibida por una norma universal, el acto moralmente bueno es sólo aquel que obedece a la ley moral y se abstiene de la acción que dicha ley prohíbe» (Encíclica Veritatis Splendor, 67).
  • Una unión adúltera entre divorciados y «recasados» en lo civil, «consolidada» en el tiempo, como dicen, y caracterizada por una «probada lealtad» en tal pecado de adulterio, no puede cambiar la calidad moral del acto de violación del vínculo sacramental del Matrimonio, es decir de su adulterio, que será siempre un acto intrínsecamente malo. Una persona que tenga verdaderamente fe y filial temor de Dios nunca podrá mostrar comprensión hacia los actos intrínsecamente malos, como lo son los actos sexuales fuera de un Matrimonio válido, ya que estos actos ofenden a Dios.
  • Una admisión de los divorciados «recasados» a la Santa Comunión constituiría, en la práctica, una dispensa tácita del cumplimiento del sexto Mandamiento. Ninguna autoridad eclesiástica tiene el poder de conceder una tal dispensa tácita, incluso en un caso aislado, o en una situación excepcional y compleja, o con el propósito de alcanzar un buen fin (por ejemplo, la educación de los hijos comunes nacidos en una unión adúltera), invocando para la concesión de tal dispensa el principio de la misericordia, la «via caritatis», la solicitud maternal de la Iglesia, afirmando que, en este caso, no se quiere poner tantas trabas a la misericordia. Santo Tomás de Aquino enseña: «Por ningún fin útil una persona puede cometer adulterio (pro nulla enim utilitate debet aliquis adulterium committere)» (De Malo, q. 15, a. 1 ad 5).
  • Una normativa que permita la violación del sexto Mandamiento de Dios y del vínculo sacramental del Matrimonio en un sólo caso, o en casos excepcionales, para evitar, presuntamente, un cambio general de las normas canónicas, constituye siempre una contradicción con la verdad y con la voluntad de Dios. En consecuencia, es psicológicamente engañoso y teológicamente errado hablar aquí de una norma restrictiva o de un mal menor en contraste con una legislación de carácter general.
  • Siendo el Matrimonio válido entre bautizados un sacramento de la Iglesia, y por su naturaleza una realidad de carácter público, un juicio subjetivo de la conciencia sobre la nulidad de un Matrimonio en contraste con la respectiva sentencia definitiva del Tribunal eclesiástico, no puede tener consecuencias para la disciplina sacramental, que siempre tiene un carácter público.
  • La Iglesia y, concretamente, el ministro del sacramento de la Penitencia no tienen poder para juzgar el estado de la conciencia del fiel, o la rectitud de su intención, porque «Ecclesia de occultis non iudicat» (Concilio de Trento, sesión 24, cap. 1). El ministro del sacramento de la Penitencia no es el vicario, o el representante del Espíritu Santo para poder penetrar con Su luz divina en los meandros de la conciencia, pues Dios ha reservado este acceso únicamente para Sí mismo: «Sacrarium in quo homo solus est cum Deo» (Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, 16). El confesor no puede arrogarse la responsabilidad ante Dios y ante el penintente de dispensar tácitamente a éste de la observancia del sexto Mandamiento y de la indisolubilidad del vínculo matrimonial, por medio de la admisión a la Santa Comunión. La Iglesia no tiene el poder de deducir sobre la base de una presumible convicción de la conciencia sobre la invalidez del propio Matrimonio en el fuero interno, consecuencias para la disciplina sacramental en el fuero externo.
  • Una práctica que permita a las personas divorciadas y «recasadas» civilmente recibir los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía, a pesar de su intención de continuar a violar en el futuro el sexto Mandamiento y el vínculo del propio Matrimonio sacramental, sería contraria a la Divina verdad, ajena al sentido perenne de la Iglesia Católica y a la probada costumbre recibida y fielmente custodiada desde los tiempos de los Apóstoles, y recientemente confirmada de forma segura por San Juan Pablo II (cfr. Exhortación Apostólica Familiaris consortio, 84), y por Benedicto XVI (cfr. Exhortación apostólica Sacramentum caritatis, 29).
  • Para todo hombre pensante, la referida práctica sería una clara ruptura y no un desarrollo en continuidad con la praxis apostólica y perenne de la Iglesia, porque frente a un hecho tan obvio no vale ningún argumento: contra factum no valet argumentum. Y además sería un anti-testimonio de la indisolubilidad del Matrimonio, una especie de colaboración de la Iglesia en la difusión de la «plaga del divorcio» contra la cual había advertido el Concilio Vaticano II (cfr. Gaudium et spes, 47).
  • La Iglesia enseña a través de lo que hace, y debe hacer lo que enseña. Sobre la acción pastoral con las personas unidas en forma irregular San Juan Pablo II enseña: «La acción pastoral tratará de hacer comprender la necesidad de coherencia entre la elección de vida y la fe que se profesa, e intentará hacer lo posible para convencer a estas personas a regular su propia situación a la luz de los principios cristianos. Aun tratándoles con gran caridad e interesándoles en la vida de las respectivas comunidades, los pastores de la Iglesia no podrán admitirles al uso de los sacramentos» (Exhortación apostólica Familiaris consortio, 82).
  • Un acompañamiento auténtico de las personas que se encuentran en estado objetivo de pecado grave, con el correspondiente camino de discernimiento pastoral, no puede escapar del deber de anunciar a estas personas, con amor, toda la verdad de la voluntad de Dios, para que se arrepientan de todo corazón de sus actos pecaminosos al convivir more uxorio con una persona que no es su cónyuge legítimo. Al mismo tiempo, un auténtico acompañamiento y discernimiento pastoral deberían animarles para que, con la ayuda de la gracia de Dios, cesen de cometer tales actos en el futuro. Los Apóstoles y toda la Iglesia a lo largo de dos mil años siempre han anunciado a los hombres toda la verdad de Dios en lo que se refiere al sexto Mandamiento y a la indisolubilidad del Matrimonio, siguiendo las enseñanzas de San Pablo Apóstol: «No he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios» (Hch 20,27).
  • La práctica pastoral de la Iglesia sobre el Matrimonio y el sacramento de la Eucaristía tiene tanta importancia y consecuencias tan decisivas para la fe y para la vida de los fieles, que la Iglesia, para permanecer fiel a la Palabra revelada de Dios, debe evitar en esta materia toda sombra de duda o de confusión. San Juan Pablo II ha repetido esta verdad perenne de la Iglesia: «Con este llamamiento a la doctrina y a la ley de la Iglesia deseo inculcar en todos el vivo sentido de responsabilidad, que debe guiarnos al tratar las cosas sagradas, que no son propriedad nuestra, como es el caso de los Sacramentos, o que tienen derecho a no ser dejadas en la incertidumbre y en la confusión, como es el caso de las conciencias. Cosas sagradas –repito– son unas y otras –los Sacramentos y las conciencias–, y exigen por parte nuestra ser servidas en la verdad. Esta es la razón de la ley de la Iglesia» (Exhortación Apostólica Reconciliatio et paenitentia, 33).
A pesar de las reiteradas declaraciones sobre la inmutabilidad de las enseñanzas de la Iglesia acerca del divorcio, muchas Iglesias particulares ahora lo aceptan en su praxis sacramental, y este fenómeno es cada vez mayor. Sólo la voz del Pastor Supremo de la Iglesia puede evitar que en el futuro se describa la situación en la Iglesia de nuestros días con esta expresión: «El mundo entero gimió y se dio cuenta, con asombro, que había aceptado el divorcio en la práctica» (ingemuit totus orbis, et divortium in praxi se accepisse miratus est), evocando un análogo dicho con el que San Jerónimo caracterizó la crisis arriana.

Visto un tal peligro real y la amplia propagación de la plaga del divorcio en la vida de la Iglesia, implícitamente legitimado por las mencionadas interpretaciones y directrices de aplicación de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, visto que tales interpretaciones y directrices de las Iglesias particulares se han convertido de dominio público en nuestro mundo globalizado, vista también la ineficacia de las muchas súplicas hechas en modo privado y confidencial al Papa Francisco tanto por los fieles como por los pastores de la Iglesia nos vemos obligados a hacer esta llamada a la oración. Como sucesores de los Apóstoles, nos mueve también la obligación de levantar la voz cuando está en peligro las realidades más sagradas de la Iglesia y la salvación eterna de las almas.

Que las siguientes palabras con las que San Juan Pablo II ha descrito los ataques injustos contra la fidelidad del Magisterio de la Iglesia, sean para todos los pastores de la Iglesia en estos tiempos difíciles una luz y un impulso hacia una acción cada vez más unida: «Se reprocha frecuentemente al Magisterio de la Iglesia que está ya superado y cerrado a las instancias del espíritu de los tiempos modernos; que desarrolla una acción nociva para la humanidad, más aún, para la Iglesia misma. Por mantenerse obstinadamente en sus propias posiciones –se dice–, la Iglesia acabará por perder popularidad y los creyentes se alejarán cada vez más de ella» (Carta a las familias Gratissimam Sane, 12).

Teniendo en cuenta que la admisión de los divorciados «recasados» a los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía, sin pedirles que cumplan la obligación de vivir en continencia, constituye un peligro para la fe y para la salvación de las almas, y también una ofensa a la santa voluntad de Dios, teniendo también en cuenta que, en consecuencia, tal práctica pastoral nunca podrá ser expresión de la misericordia, de la «via caritatis» o de la solicitud maternal de la Iglesia hacia las almas pecadoras, hacemos con profunda solicitud pastoral esta urgente llamada a la oración para que el Papa Francisco revoque de forma inequívoca las orientaciones pastorales antes mencionadas ya introducidas en algunas Iglesias particulares. Un tal acto de la Cabeza visible de la Iglesia, confortaría a los pastores y a los fieles según el mandato que Cristo, Supremo Pastor de las almas, dió al apóstol Pedro y, por su intermedio, a todos sus sucesores: «Confirma a tus hermanos» (Lc 22,32).

Las siguientes palabras de un Papa santo y de Santa Catalina de Siena, doctora de la Iglesia, pueden servir para todos en la Iglesia de nuestros días como guías de luz, consuelo y fortalecimiento: «El error que no se enfrenta, se aprueba. La verdad que no se defiende, es oprimida» (Papa San Félix III, +492). «Santo Padre, Dios Os ha escogido como columna de la Iglesia, para que seáis el instrumento para extirpar la herejía, confundir las mentiras, exaltar la verdad, disipar la oscuridad y manifestar la luz» (Santa Catalina de Siena, +1380).

Cuando el Papa Honorio I (625-638) adoptó una actitud ambigua frente a la difusión de la nueva herejía del monotelismo, San Sofronio, Patriarca de Jerusalén, envió un obispo de Palestina a Roma pronunciando estas palabras: "Id a la Sede Apostólica, donde están los fundamentos de la santa doctrina, y no ceséis de rezar hasta que la Sede Apostólica no condene la nueva herejía". La condenación fue efectuada después, en el 649, por el santo Papa y mártir Martín I.

Hacemos esta llamada a la oración con la conciencia de cometer un acto de omisión si así no lo hiciéramos. Cristo, Verdad y Supremo Pastor, nos juzgará cuando regrese. A Él pedimos, con humildad y confianza, que retribuya a todos los pastores y a todas las ovejas con la corona incorruptible de la gloria eterna (cfr. 1 Pe. 5,4).

En espíritu de fe elevamos nuestra oración por Su Santidad con afecto filial y devoto: «Oremus pro Pontifice nostro Francisco: Dominus conservet eum, et vivificet eum, et beatum faciat eum in terra, et non tradat eum in animam inimicorum eius. Tu es Petrus, et super hanc petram aedificabo Ecclesiam Meam, et portae inferi non praevalebunt adversus eam».

Como medio concreto recomendamos rezar todos los días esta antigua plegaria de la Iglesia o una parte del santo rosario con la intención de que el Papa Francisco revoque de modo inequívoco las orientaciones pastorales que permiten a los divorciados denominados «re-casados» de recibir los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristia, sin que ellos cumplan la obligación de vivir en continencia.


18 de enero 2017, antigua fiesta de la Cátedra de San Pedro en Roma

+ Tomash Peta, Arzobispo Metropolitano de la archidiócesis de Santa Maria en Astana

+ Jan Pawel Lenga, Arzobispo emérito de Karaganda

+ Athanasius Schneider, Obispo auxiliar de la archidiócesis de Santa Maria en Astana

lunes, 16 de enero de 2017

Cine y películas sobre sacerdotes (VIII): "Silencio". La película impía de Scorsese que justifica y promociona la apostasía, jaleada y promocionada por la Compañía de Jesús

La película "Silencio", estrenada en Estados Unidos el pasado 23 de diciembre y en España el pasado día de Reyes (6 de enero), ha sido dirigida por Martin Scorsese, de 74 años, y está basada en la novela del escritor japonés Shūsaku Endō, publicada en 1966. Tanto la novela como la película, narran la persecución y el martirio que sufrieron los católicos en el Japón del siglo XVII: dos jesuitas, el P. Ferreira y el P. Rodrigues, son enviados a Japón tras tenerse conocimiento en Roma de la apostasía, en 1633, del misionero jesuita portugués Cristóvão Ferreira, interpretado por Liam Neeson. La película ha costado 46 millones de dólares y el equipo ha contado con 750 personas durante el rodaje, que se realizó en Taiwán.

En la novela, los jesuitas llegan a Japón para predicar el Evangelio, que no tiene buena acogida en una sociedad como la japonesa, tradicionalmente pragmática y materialista, y allí se enfrentan a la persecución, por lo que plantea preguntas como si merece la pena perseverar, cómo perdonar a los perseguidores o cómo resistir las torturas. El portugués P. Sebastião Rodrigues, enviado a Japón para consolar a los perseguidos y juzgar al jesuita apóstata, llegará, también él, a dudar de Jesucristo y a preguntarse por el silencio de Dios ante el sufrimiento de sus fieles.

El "silencio" que da título a la película es el supuesto silencio de Dios ante el martirio de los primeros católicos japoneses. Sin embargo, el P. Rodrigues oye la voz de Jesucristo que le pide apostatar pisando una representación de su rostro. Es significativo que, cuando lo hace, un gallo canta en la distancia, en clara referencia a la traición de Pedro; pero, en este caso, al contrario de lo narrado en los Evangelios, justificando la traición y la apostasía: los jesuitas que abjuran lo hacen por misericordia hacia los simples fieles que, por el contrario, están dispuestos a sacrificar su vida por fidelidad a Jesucristo. Tras la apostasía, el Estado proporcionaba a los sacerdotes apóstatas un nombre nuevo, una esposa japonesa y una vida cómoda. Así, el P. Ferreira y el P. Rodrigues se somenten a la sociedad japonesa de la época, en la que se les da un puesto de prestigio como recompensa por haber abjurado de Cristo.

El título, pues, llama a engaño, pues aunque se nos intente convencer del silencio de Dios ante el sufrimiento y el martirio de los pobres católicos japoneses y el dilema de los jesuitas entre apostatar o permitir ese sufrimiento, Jesús acaba hablando... ¡para pedir la apostasía! Dios calla ante el sufrimiento ajeno, pero habla al P. Rodrigues para perdirle que renuncie a su fe. Lo que se pedía a los jesuitas para probar su apostasía era pisar una imagen de Jesucristo, el cual le dice al jesuita: "Písame". O sea, que para animar a renegar de la fe sí habla. Sólo calla cuando sufres, pero habla para que caigas. Conclusión: es Dios quien incita a pecar y, por tanto, es el responsable del mal.

Pero, ¿cuál fue la realidad histórica? El catolicismo llegó a Japón de la mano de San Francisco Javier, jesuita, en 1549. En apenas sesenta años se logró la conversión de unos trescientos mil japoneses sin recurrir a la fuerza. Ochenta y seis señores feudales se bautizaron oficialmente, y muchos más simpatizaban con el cristianismo. Las primeras generaciones de conversos japoneses tuvieron que enfrentarse a diferentes persecuciones locales instigadas por ingleses y holandeses -protestantes-, por los monjes budistas o por la nobleza local, pese a lo cual hubo muchas conversiones en los primeros años. Pero, el 25 de julio de 1587, el gobernador Hideyoshi decretó el exilio de los jesuitas y a partir de 1600 pasó a ser una Iglesia clandestina, perseguida y que dio muchos mártires, aunque consiguió sobrevivir oculta durante los siguientes 250 años, hasta que las persecuciones, que tuvieron un alcance imperial, finalizaran en 1873. En el perído de persecución hubo 93 jesuitas mártires de la fe, de los que tres ya han sido canonizados -San Pablo Miki, San Juan de Goto y San Diego Kisai-, 37 han sido beatificados y los demás tienen abierta la causa de beatificación. Hasta 1908 los jesuitas no regresaron a Japón.

El sacerdote portugués Cristóvão Ferreira, que había quedado como superior de los jesuitas en Japón tras el martirio de sus predecesores, apostató tras cinco horas de tortura en la fosa de Nagasaki. Su apostasía la detalla el historiador jesuita Hubert Cieslik, experto en Japón, en un estudio realizado en 1974. El P. Ferreira tenía 53 años, era jesuita desde hacía 37 y había sido un misionero clandestino durante 19 años. Había vivido dos décadas de persecución y peligros. Era él quien enviaba a Europa la crónica de los martirios de sus feligreses y compañeros. Pero él cedió en tan sólo cinco horas. Por eso los historiadores hablan del "enigma Ferreira".

Cuando un sacerdote apostataba era liberado y asignado a un templo pagano japonés -sintoísta, budista o confucionista-, y se le obligaba a casarse con una mujer de la clase social más baja: la viuda de algún criminal ejecutado. Por supuesto, permanecía bajo vigilancia. A Ferreira le casaron con la viuda de un criminal extranjero ajusticiado y durante varios años vivió en la pobreza. Usaba nombre y ropas japonesas y se le asignó un templo budista. Después, las autoridades empezaron a contratarlo como traductor de español, portugués y latín en los interrogatorios y juicios de otros misioneros capturados. Más tarde tradujo obras de matemáticas y astronomía. Incluso se le atribuye el libro anticristiano "La superchería desvelada", un libelo propagandístico budista-confucionista escrito en japonés en 1636, que pretendía refutar la doctrina católica. Este panfleto, del que sólo existe una copia manuscrita, fue descubierto por un historiador en la década de 1920.

Novicios jesuitas de todo el mundo comenzaron a ofrecerse voluntarios para morir mártires allí donde la Compañía decidiese, para así expiar la apostasía de Ferreira. Además, al menos tres expediciones de jesuitas llegaron a Japón con el objetivo de traerle de nuevo a la Iglesia. La primera de ellas, comandada por Marcello Mastrilli, llegó en 1637. Mastrilli fue descubierto y torturado durante tres días en la fosa, para finalmente morir decapitado. El segundo grupo estuvo encabezado por Pedro Kibe, que llegó en 1639 y también fue descubierto, muriendo mártir en la fosa. El tercer grupo, el de Antonio Rubino, fue atrapado en 1642. A su juicio acudió el mismo Ferreira como traductor, nueve años desde que apostatara, quien, al parecer, animó a los jesuitas a apostatar para salvar su vida. Tras su muerte en 1650, el apóstata Ferreira fue sepultado en el templo budista de Zuirinji, en Tokio, en una tumba en cuya lápida aún puede leerse su nombre budista: Chuan Joko Sensei.

En el juicio a Rubino y sus compañeros -en el que estuvo Ferreira- las autoridades insistían en que los católicos japoneses, generalmente gente sencilla, sufrían torturas por culpa del fanatismo -las creencias católicas- que los jesuitas, extranjeros, les habían imculcado. Evidentemente, es injusto presentar al apóstata Ferreira como un creyente "razonable" y a los jesuitas mártires que viajaron hasta allí para intentar salvar su alma, arriesgando sus propias vidas, como fanáticos. Igualmente, es impío sugerir la salvación del alma de un sacerdote que renuncia a Cristo por salvar la vida terrena de otros fieles que no están dispuestos a renegar de Él aunque les maten. Y más impío aún plantear que, aunque no salvaran sus almas, a los jesuitas apóstatas les merecía la pena condenarse eternamente para así salvar a sus feligreses.

Como dice S. E. Mons. Robert Barron, obispo auxiliar de la Archidiócesis de Los Ángeles, que ha hecho una crítica de la película, lo que ésta difunde está al servicio de la élite cultural de hoy, bastante similar a la élite cultural japonesa que aparece en la película, que prefiere a los cristianos vacilantes, inseguros, divididos y ansiosos por privatizar su religión, y están dispuestos a desechar a las personas apasionadamente religiosas tildándolas de peligrosas, violentas y, seamos realistas, no tan brillantes. Es justamente la clase de cristianismo que le gusta a la cultura dominante: totalmente privatizado, escondido, inofensivo.

Martín Scorsese ha tardado veinte años en materializar este proyecto. Pero es justo ahora, en pleno papado de un jesuita, cuando por fin ha logrado hacerlo realidad. Y no es casualidad que los jesuitas se haya implicado en esta película. La Compañía de Jesús está detrás del asesoramiento al director, a los actores y de la promoción de la película. "Silencio" se proyectó hace casi dos meses en el Pontificio Instituto Oriental de Roma ante 400 jesuitas, que calificaron la película como "obra maestra, excelente, cargada de espiritualidad y profundidad".

Veamos por qué:
  • El jesuita estadounidense James Martin fue asesor del director durante todo el rodaje. Para él, la película es una obra maestra.
  • La supervisión de las escenas religiosas y la preparación de los actores corrió a cargo del jesuita español Alberto Núñez.
  • Durante el rodaje estuvieron presentes otros dos jesuitas: el estadounidense Jerry Martinson y el italiano Emilio Zanetti.
  • El departamento de prensa de la Compañía de Jesús en España ha elaborado el extenso dosier de prensa -elogioso, naturalmente-.
  • El nefando jesuita Antonio Spadaro, director de "La Civiltà Cattolica", no ha escatimado medios para promocionar la película, incluyendo una larga entrevista a Martin Scorsese -de 22 páginas- en su último número.
  • Hay varias páginas web jesuitas -que obviamente no pienso enlazar- que publican artículos elogiosos de la película y su "espiritualidad".
  • Asimismo, los jesuitas están difundiendo vídeos sobre la película, como el del P. Adolfo Nicolás, ex Superior General de la Compañía de Jesús hasta el año pasado, o la entrevista al jesuita James Martín, mencionado más arriba.
Hasta el Papa Francisco recibió en audiencia privada a Scorsese el pasado 30 de noviembre de 2016, a las 8.45 (antes de la Audiencia general), en el Palacio Apostólico -no hay que olvidar que Martin Scorsese fue el director de la escandalosa y blasfema película "La última tentación de Cristo" (1988). Según un periodista de Variety que asistió al pase privado de la película en el Vaticano, "la audiencia papal privada reunida en el Palacio Apostólico dio el martes, a través de la prensa oficial vaticana, una clara muestra de apoyo a "Silencio", proyecto pasión de Scorsese". La verdad, llama la atención que la apostasía sea celebrada en el Vaticano.

Dos jesuitas españoles misioneros en Japón han sido Padres Generales de la Compañía de Jesús: el P. Arrupe (1965-1985) y el P. Adolfo Nicolás (2008-2016). Como también tiene en aquel país su base de operaciones el infame jesuita apóstata Juan Masiá, que el mes pasado -diciembre de 2016- negó la virginidad de la Santísima Virgen María en un libelo publicado en Herejía Digital -que tampoco pienso enlazar-: es coadjutor de la parroquia de Rokko, en Kōbe (Japón) e imparte clases de Bioética en la Universidad Católica Santo Tomás de la diócesis de Osakaes; además es consiliario de la Asociación de Médicos Católicos de Japón, colaborador en comisiones de Bioética de la Conferencia Episcopal Japonesa, colaborador de la Comisión Católica de Justicia y Paz en Tokio, así como de la sección japonesa de la Conferencia Mundial de Religiones por la Paz.

Como ya he señalado más arriba, "La Civiltà Cattolica" ha hecho un gran despliegue para promocionar esta película, incluyendo una reseña de la novela de Endō escrita por el jesuita Ferdinando Castelli en 1973, y publicada de nuevo íntegramente. Además, en el último número de la revista hay un artículo sobre lo que debería ser hoy "la misión en el Japón secularizado", en el que el autor, el jesuita japonés Shun'ichi Takayanagi, considera que es obligatorio realizar "un cambio de paradigma respecto al concepto de misión y a los modos de ejercerla". ¿Será porque el proselitismo es "pecado", como asegura el Papa Francisco, también jesuita? Según Takayanagi, intentar como objetivo el lograr que la gente se bautice, hoy "ya no es posible" y debe ser cambiado por completo. ¿El motivo? Porque "nuestro tiempo está caracterizado por un rápido progreso de la cultura material y por un elevado nivel de vida. El diálogo debe profundizar nuestra concepción de las otras religiones".

Según "La Civiltà Cattolica", el "anticuado" concepto de misión, es decir, "hacer proselitismo y proporcionar conversos a la Iglesia", debe ser sustituido por el "diálogo". Sobre todo en un país como Japón, en el que es normal "ir a un santuario sintoísta y participar en las fiestas budistas y, también, en una liturgia cristiana en Navidad", sin esa "extraña obligación de seguir un determinado credo religioso" y "en una atmósfera cultural vagamente no monoteísta". Takayanagi subraya que los japoneses, aunque están muy abiertos al pluralismo religioso, "se quedan turbados ante ese episodio brutal que puede ser atribuido a raíces religiosas", islámicas pero no sólo -acusación velada de que el cristianismo es criminal y se impone por la fuerza, comparándolo con los terroristas islámicos-.

Takayanagi continúa: "Ciertamente, la religión puede hacer crecer y madurar a los hombres, pero en casos extremos la pertenencia a una religión también puede pervertir la naturaleza humana. ¿Es capaz el cristianismo de impedir el fanatismo y esta especie de perversión? Ésta es para nosotros una pregunta acuciante, que debemos plantearnos en el ejercicio de nuestra actividad misionera. La historia pasada del cristianismo, a este respecto, no es ciertamente intachable [...] En concreto, algunos intelectuales japoneses, aunque de manera vaga y casi inconsciente e inspirándose a la cultura politeísta japonesa, empiezan a preguntarse si las religiones monoteístas pueden mostrarse, en última instancia, verdaderamente tolerantes hacia los miembros de otras religiones [...] Estos intelectuales consideran que el terreno cultural politeísta del sintoísmo japonés puede asegurar un enfoque suave hacia las otras religiones".

El pasado 4 de enero se publicaron amplios pasajes de este artículo de "La Civiltà Cattolica" y en "L'Osservatore Romano" -ya en otras ocasiones "L'Osservatore Romano" ha hecho apología de un paradigma de misión cuyo fin es la "común exigencia humana de valores religiosos", como el que propugna ahora la revista dirigida por Antonio Spadaro-. En resumen, y como señala Sandro Magister, es tiempo de "silencio" también para las misiones católicas. A pesar del decreto "Ad gentes" del Concilio Vaticano II, de la exhortación apostólica "Evangelii nuntiandi" del beato Pablo VI y de la encíclica "Redemptoris missio" de San Juan Pablo II.

La revista Ecclesia recoge las palabras del jesuita James Martin, para quien Scorsese es "muy religioso, muy católico", y que "cuando la he visto por primera vez he llorado: es una gran historia, una gran película". Por lo visto, el director se puso en contacto con él en 2014 para pedirle asesoramiento porque quería entender a los jesuitas -cosa extraña y bastante difícil de creer, porque el mismo Scorsese fue seminarista jesuita: fue novicio jesuita un año en el pequeño seminario del Cathedral College en Nueva York-.

Para "L'Osservatore Romano", donde se publicó la reseña de Ecclesia el 3 de diciembre de 2016, esta película es, en definitiva, una "reflexión sobre la dificultad del discernimiento y de las elecciones que hay que tomar en la propia vida, 'también cuando no está tan claro qué hacer', según explica Martin: 'Por eso veo en la película un mensaje hacia la Iglesia de hoy, con una espiritualidad fuerte, que inspira la fe en Dios'".

Es sospechoso que la novela de Shūsaku Endō se difundiera tanto en los años 60, mientras que las historias de autores cristianos japoneses que muestran ejemplos de mártires constantes no se hayan difundido. Las novelas sobre la fe no son populares entre los editores occidentales, se ha argumentado. Las de apostasía, por lo visto, sí.

El dosier de prensa de los jesuitas explica los hechos históricos y asegura que según "algunas fuentes los padres Chiara y Ferreira recusaron después su apostasía; Ferreira murió por defender la fe en un segundo martirio y Chiara acabó sus días en una inhumana celda de castigo". Lo que no explica el dosier es cuáles son esas nada fiables fuentes que mencionan.

Pero, ¿en qué consiste la impiedad de esta película? Pues, por un lado, en la justificación y disculpa de la apostasía, que se presenta no sólo como aceptable, sino incluso como compatible con la fe. Y, por otro, en que quienes apostatan son sacerdotes, lo cual es más grave, si cabe. Es malvado presentar como "misericordiosos" a quienes niegan a Cristo y como virtud la debilidad de los apóstatas, en lugar de presentar como modelo a quienes resisten el martirio por amor a Él y como virtud su fortaleza en la fe. De esta forma, predisponen al espectador a justificar su propia apostasía llegado el caso, pues lo importante para la sociedad actual es evitar el sufrimiento en esta vida a cualquier precio. Es, llanamente, un rechazo de la cruz, escándalo para los judíos y necedad para los gentiles, como dice la primera Carta a los Corintios (I Cor 1,23-24). Además, pone en duda verdades de fe, intenta enmendar la plana al mismo Jesucristo y contradice la Verdad revelada contenida en los Santos Evangelios. El martirio es presentado como algo malo, a evitar, contradiciendo así el punto 2473 del Catecismo de la Iglesia Católica -para los católicos, salvar la efímera vida terrena apostatando supone perder la Vida eterna, que quien muere mártir tiene asegurada-.

También subyace el mensaje de que el budismo y el cristianismo en el fondo son lo mismo, y que todos los credos son iguales. Naturalmente, esto contradice el mandato de Cristo: "Id y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado" (Mt 28,19-20). Si todas las religiones son igualmente válidas, ¿para qué la evangelización, las misiones y el proselitismo de la Iglesia? Antonio Spadaro lo tiene claro: para él no tienen sentido. Además, en la película queda claro que el cristianismo no puede cuajar en Japón, aunque eso contradiga las palabras del Señor mecionadas antes. Los malos de la película son quienes se obstinan en su fe, que podrían haberse evitado el sufrimiento siendo razonables y renunciando a la misma. Los ganadores, en cambio, son los perseguidores, tanto por la apostasía de los jesuitas, como por la eliminación casi completa del catolicismo en Japón. Los católicos son, claramente, los perdedores de la película, tanto los apóstatas, como los mártires.

Paul Elie en su artículo del New York Times, dice que "como en la novela, la película pone en cuestión la idea misma del martirio cristiano, al proponer que hay casos en que el martirio -que el creyente se agarre a Cristo hasta el terrible final- no es santo, ni siquiera correcto". Paul Elie cree que Scorsese está intentando decir lo mismo que cuando estalló la polémica con "La última tentación de Cristo": Scorsese se creía con derecho a hacer algo "blasfemo" -una escena de sexo de Cristo y María Magdalena- porque tenía una buena intención: mostrar el lado humano de Cristo, mostrar fe y amor por esta dimensión de Cristo. Un acto "malo" para lograr un fin "bueno", algo totalmente condenado por la tradición cristiana, que sostiene que el fin no justifica los medios.

Piden a los cristianos apostatar pisando el "fumie", una imagen de metal de Cristo y la Virgen. Al final, en la novela, el jesuita pisará el "fumie", y lo hará por salvar a sus feligreses, por el amor a los fieles: sentirá que él se pierde, pero salva a otros. Eso se presenta como algo sacrificial, cristiano. Sin embargo, el padre Rodrigues arrastrará, bajo el nombre de Okada Sanemon, una vida humillada e insulsa, una vida anónima y sin entusiasmo, en apariencia alejada de la fe. Según Paul Elie, la opción de Ferreira, una fe interna, disimulada, camuflada, que pacta con el poder, es una forma de inculturación, eficaz y aceptable.

Visto lo visto, no sorprende que uno de los protagonistas de la película sea el actor anticatólico y pro-abortista Liam Neeson, cuyos ataques a la Iglesia Católica y la promoción del aborto en su país natal, Irlanda, fueron públicos y notorios hace poco más de un año (ver aquí). Además, el director de la película ha declarado que el personaje más interesante es, en su opinión, Kichijiro, el traidor o Judas -figura ésta, la del apóstol que traicionó a Cristo, sorprendentemente reivindicada por el propio Papa Francisco como una "pobrecita" víctima arrepentida-.

Esta película, además de ser más larga que un día sin pan, es, en definitiva, una película anticatólica y una auténtica ofensa a los católicos, a la Iglesia y a Cristo mismo -de cuyo mensaje se hace una enmienda a la totalidad-, así como una plataforma para promocionar sibilinamente y justificar lo injustificable: la apostasía y la sumisión al poder terrenal de turno para evitar el sufrimiento. Con estas virtudes, no sería raro que le cayera algún Óscar -o más de uno-. Nada recomendable, pues -pese a lo que digan ciertos escritores cursis y redichos que son -eso se creen ellos- más listos y cultos que nadie -y muchísimo más católicos, naturalmente-.

domingo, 15 de enero de 2017

Santa Misa Tridentina de Réquiem en sufragio por el alma de la poetisa Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura, oficiada en La Serena (Chile)

El pasado sábado 7 de enero, el P. Carlos Bolelli Serra, párroco electo de la parroquia de Nuestra Señora de La Merced de La Higuera y capellán militar en La Serena, ofició la Santa Misa Tridentina de Réquiem, cantada en gregoriano, en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen de Montegrande, parroquia de la Inmaculada Concepción de Paihuano, en el Valle de Elqui, perteneciente a la Archidiócesis de La Serena (Chile), en sufragio por el alma de Gabriela Mistral -pseudónimo de Dña. Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga-, Premio Nobel de Literatura y miembro de la Tercera Orden Regular de San Francisco de Asís, en el el LX aniversario de su muerte. La finada recibió su Primera Comunión en la iglesia de Montegrande y sus restos mortales descansan en un mausoleo a pocos pasos del mencionado templo. A la ceremonia acudió gran cantidad de fieles, como se observa en las imágemes, al término de la cual se procedió a dar la absolución al catafalco dispuesto para la ocasión. Mi agradecimiento a D. Hernán Geisse P., por la información y las forografías.

sábado, 14 de enero de 2017

Los obispos de Malta, excomulgados

Los dos únicos obispos con los que contaba Malta, Charles Jude Scicluna, Arzobispo de Malta, y Mario Grech, obispo de Gozo -que aparecen en la foto que abre esta entrada-, han incurrido en excomunión latae sententiae -automática- por sostener públicamente, en un documento oficial publicado por ellos, una herejía condenada solemnemente por el Sacrosanto y Ecuménico Concilio de Trento; a saber: que las personas no pueden evitar pecar y que dejar de hacerlo da lugar a un "daño" mayor. ¿No pecar es un "daño" o algo malo y, por tanto, pecar es un "bien"? Estos dos obispos ya no sólo enseñan la inmoralidad y el error, como también lo están haciendo últimamente otros obispos, sino que dan un paso más allá y sostienen públicamente la herejía. ¡El episcopado está enloqueciendo!

Punto nº 9 de los Criterios para la aplicación del capítulo VIII de Amoris laetitia de los obispos de Malta:

"On the other hand, there are complex situations where the choice of living 'as brothers and sisters' becomes humanly impossible and give rise to greater harm (see AL, note 329)".

["Por otro lado, hay situaciones complejas donde la elección de vivir 'como hermanos y hermanas' se convierte en humanamente imposible y da lugar a un daño mayor (ver AL, nota 329)"].

Es decir: no dicen que a las parejas que viven en adulterio les sea difícil guardar la abstinencia debida, pero que con ayuda de Dios sí les es posible -como afirma el Magisterio de la Iglesia-, sino que afirman, literalmente, que es humanamente imposible cumplir los Mandamientos del Decálogo -en este caso concreto, el sexto-.

Además de incurrir en los anatemas que establecen los cánones del Concilio dogmático de Trento (ver más abajo), contradicen las Sagradas Escrituras 1, el punto 1650 del Catecismo de la Iglesia Católica, el punto 84 de "Familiaris Consortio" de San Juan Pablo II 2, y la Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la recepción de la comunión eucarística por parte de los fieles divorciados que se han vuelto a casar, publicada por la Congregación para la Doctrina de la Fe -a cuyo frente estaba de Prefecto el entonces Cardenal Joseph Ratzinger-, por mandato de San Juan Pablo II.

Cánones sobre la justificación 3

1568 Dz 828 Can. 18. Si alguno dijere que los mandamientos de Dios son imposibles de guardar, aun para el hombre justificado y constituído bajo la gracia, sea anatema [cf. 804].

1570 Dz 830 Can. 20. Si alguno dijere que el hombre justificado y cuan perfecto se quiera, no está obligado a la guarda de los mandamientos de Dios y de la Iglesia, sino solamente a creer, como si verdaderamente el Evangelio fuera simple y absoluta promesa de la vida eterna, sin la condición de observar los mandamientos, sea anatema [cf. 804].

1572 Dz 832 Can 22. Si alguno dijere que el justificado puede perseverar sin especial auxilio de Dios en la justicia recibida o que con este auxilio no puede, sea anatema [cf. 804 y 806].

Ni que decir tiene que, por mandato apostólico, todos los fieles católicos tienen la grave obligación moral, so pena de cometer pecado mortal, de resistir y no obedecer a estos pastores inicuos que han incurrido en herejía e inducen al pecado, como enseñan las Sagradas Escrituras 4.



1 "...fiel es Dios, que no permitirá que seáis tentados sobre vuestras fuerzas, antes dispondrá con la tentación el éxito, dándoos el poder de resistirla" (I Cor 10,13). Es la consoladora doctrina que expone Santiago (St. 1, 13 y nota), añadiendo aún que de la tentación saldremos mejor que antes (St. 1, 12). "El que de la tentación hace que saquemos provecho, de manera que podamos sostenernos, Él mismo nos asiste a todos y nos da su mano para que alcancemos las eternas coronas por gracia y benignidad de Nuestro Señor Jesucristo, con espléndida aclamación" (S. Crisóstomo).

2 Establece que para poder acercarse a los sacramentos, aquellas parejas que viven en adulterio y no pueden cumplir con la obligación de la separación, "asumen el compromiso de vivir en plena continencia, o sea de abstenerse de los actos propios de los esposos".

3 CTr v 797 ss; Rcht 30 ss; Msi XXXIII 40 A ss; Hrd X 40 B ss; Bar(Th) ad 1547, 14 ss (33, 195 b ss).

4 "Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: 'Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres'" (Hch 5,29).

viernes, 13 de enero de 2017

Carta del Papa Francisco a los jóvenes con ocasión del Sínodo de 2018

Hoy se acaba de presentar el documento preparatorio de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos -aún no hemos salido del "lío" del último, y ya llega el siguiente-, así como una carta del Papa dirigida a los jóvenes por este motivo. Me voy a centrar únicamente en ésta última.

La Carta del Santo Padre Francisco a los jóvenes con ocasión de la presentación del documento preparatorio de la XV asamblea general ordinaria del sínodo de los obispos, es un documento que consta de 767 palabras, entre las que no aparece ni una sola vez "Jesucristo", sólo aparece una vez "Señor", una sola vez "Espíritu Santo", una vez "Espíritu" -se supone que también el Santo, pero no especifica-, también una sola vez "María" -despojada de cualquier título, como "Nuestra Señora" o simplemente "Virgen"-, dos veces "Jesús", y ocho veces "Dios". Es decir: sólo 14 palabras aluden a Dios -incluyendo a alguna de las Personas de la Santísima Trinidad- y 1 sola a la Virgen -y sin darle este tratamiento, siquiera-.

Además, sólo se hace referencia a seis breves pasajes bíblicos: tres del Antiguo Testamento (Génesis, Éxodo y Jeremías) y tres del Nuevo Testamento (Lucas, Juan y II Corintios).

El resto del texto, es una reiteración del habitual lenguaje del Papa Francisco:
  • sociedad más justa y fraterna
  • periferias del mundo
  • prevaricación, injusticia y guerra
  • chantaje de la violencia
  • opresión
  • ponerse en camino
  • acompañamiento de guías expertos
  • itinerario de discernimiento
  • precariedad y caída
  • misericordia
  • injusticia
  • cultura del descarte
  • globalización de la indiferencia
  • opciones audaces
Me parece que con este arranque no se puede esperar demasiado. ¿Habrá algún consejero o asesor que se atreva a decirle al Papa que se repite demasiado y que este tipo de lenguaje -y lo que representa- no sólo no acerca, sino que aleja a la juventud -y no sólo a ella-?

jueves, 12 de enero de 2017

Los extraños movimientos en la Curia romana y la reciente visita del Cardenal Sarah a Benedicto XVI ¿Qué hay detrás de las reformas de Francisco?

A principios de este mes de enero, el vaticanista Marco Tosatti dio a conocer la purga que se había llevado a cabo en la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la que supuestamente el Papa obligó al Cardenal Müller a despedir a tres de sus mejores sacerdotes -despido al que en un primer momento, supuestamente, se resistió-. Este episodio también lo relató Maike Hickson en 1P5 (puede leerse la traducción aquí), haciéndose eco posteriormente otras páginas web.

Ahora, Sandro Magister ha dado el nombre de uno de esos sacerdotes, cuyas supuestas críticas llegaron a oídos del Papa gracias a un delator (ver artículo de Magister más abajo).

Sandro Magister, además, da a conocer otro extraño movimiento en una de las Congregaciones de la Santa Sede, que, quizás sin saberlo -él apunta en otra dirección-, sea la clave para entender muchas de las reformas del Papa Francisco, si no todas ellas. Estamos hablando de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el máximo organismo vaticano en lo referente a la Liturgia, a cuyo frente está su Prefecto: el Cardenal Robert Sarah. Lo que Magister acaba de desvelar es que el Arzobispo inglés Arthur Roche, Secretario de este dicasterio, ha sido puesto por el Papa Francisco al frente de una comisión, cuyo objetivo sería "revisar" (Magister habla de "demoler") la Instrucción "Liturgiam authenticam", de San Juan Pablo II.

El mencionado documento constituye la Quinta Instrucción "para la recta aplicación de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Concilio vaticano Segundo" (Sacrosanctum Concilium, art. 36), y su título completo es "Liturgiam authenticam. Sobre el uso de las lenguas vernáculas en la publicación de los libros de la liturgia romana". Magister apunta a que la creación de la mencionada comisión cumpliría con las expectativas de modernización del lenguaje litúrgico deseada por los demoledores de la Liturgia católica, y señala que el próximo objetivo de ésta, o de otra comisión, podría ser la "correción" del motu proprio "Summorum pontificum", de S. S. Benedicto XVI.

Incluso aun siendo cierta la creación de dicha comisión, yo no estoy de acuerdo con él en el último punto: no creo que el objetivo del Papa Francisco sea corregir o derogar "Summorum Pontificum", a pesar de que no entienda la atracción por la Liturgia tradicional, especialmente por parte de la gente joven, como él mismo ha expresado en alguna ocasión. Yo diría que el objetivo, más bien, iría en la línea de avanzar por el resbaladizo camino del ecumenismo -tal y como él lo entiende- que ha tomado a lo largo de sus casi cuatro años de pontificado; y en los últimos tiempos a toda velocidad.

Últimamente, casi cada semana, a veces incluso cada día, los fieles católicos nos desayunamos con un nuevo sobresalto. No tanto achacable al "Dios de las sorpresas", como al "Papa de las sorpresas". Es un hecho que cada vez parece haber más gente sorprendida, cuando no escandalizada, por muchas de las palabras, acciones y decisiones del Papa Francisco. Quizás se deba a que no ven un hilo conductor. En este sentido, parece que no muchas personas han reparado en la protestantización paulatina de la Iglesia tras varios cambios y reformas llevados a cabo por el Papa Francisco, los cuales vuelven a apuntar hacia la fijación papal que parece planear sobre todo este pontificado: la unión de los cristianos a cualquier precio (sobre este punto véase esta entrada). Hay medidas obvias y otras que no se entienden si no es bajo esta premisa, y, aunque no soy dado a teorías conspirativas, a uno ya se le hacen los dedos huéspedes. Hasta ahora, que yo sepa, nadie ha señalado ésto, no sé si por prudencia, por miedo, o porque realmente no lo ven. La incomprensión, e incluso las críticas, se han producido sobre cada medida concreta adoptada por la Santa Sede o directamente por el Papa; pero no he encontrado a nadie que haya analizado todo en conjunto llegando a esa conclusión.

Señalaré a continuación varios de estos cambios, documentos firmados y promulgados, así como ciertas decisiones, que podrían indicar un vínculo entre todas ellas tendente a derribar los supuestos obstáculos para lograr la tan ansiada -pese a estar condenada por el Magisterio de la Iglesia- intercomunión. Si tal fuera el caso, se trataría de lograr la unidad a costa de la Verdad, lo cual la Iglesia siempre ha condenado y expresamente prohibido (véase Pío XI y su encíclica "Mortalium animos" aquí):
  • Aparte de la visita papal a Lund (Suecia) el año pasado, ténganse en cuenta los últimos documentos firmados por la jerarquía católica y los protestantes sobre la Eucaristía, sobre Lutero y sobre la conmemoración de la herejía y cisma protestante (ver aquí, aquí y aquí), en los que se llama a Lutero "testigo del evangelio" o se le compara con varios santos católicos; documentos en los que se omite el dogma de la Transubstanciación y se afirma -siendo falso-, que los luteranos creen lo mismo que los católicos sobre la Eucaristía.
  • La posible revisión de la Instrucción "Liturgiam authenticam" sobre la traducción de la Biblia y los textos litúrgicos parece indicar la dirección señalada: a nadie se le escapa que la Santa Misa es un obstáculo para la unión de católicos y protestantes, que sólo puede darse por su aceptación por parte de estos últimos y el retorno a la Iglesia Católica. Además, es un hecho que al Papa no le interesa especialmente lo relacionado con la Liturgia, pero sí está empeñado en la unión de los cristianos. Esta comisión y la subsiguiente "revisión" del documento supondría, pues, el aporte de una cierta apariencia de normalidad y profesionalidad -sería presentado como una mera revisión filológica o actualización al lenguaje actual-, cuando el objetivo no sería otro que adulterar modificar aquellos textos o pasajes que supongan un obstáculo para su aceptación por parte de los protestantes.
  • La misma exhortación "Amoris laetitia", especialmente su capítulo octavo, podría emplearse también para defender la intercomunión, ya que lamina la objetividad de ciertos pecados y, por tanto, las condiciones necesarias para recibir la Comunión quedarían sujetas únicamente a la conciencia de cada individuo -algo condenado por la Iglesia-, a la vez que se socavan los sacramentos del matrimonio y de la penitencia.
  • La aceleración de las nulidades decretada por el Papa Francisco no sólo afectaría a los católicos, sino que haría más aceptable el matrimonio a los protestantes, entre quienes el divorcio está ampliamente aceptado desde hace mucho tiempo.
Ténganse en cuenta, además, estos otros puntos:
  • La comentada posible excepción al celibato sacerdotal con el establecimiento de "viri probati"; en principio sólo amazónicos, como avanzadilla (ver aquí)
  • La elección de un protestante como director del innecesario L'Osservatore Romano argentino (ver aquí).
  • La chocante afirmación del Papa de que el proselitismo es pecado, sumado al similar mensaje transmitido, de forma más o menos subliminal, por la película "Silencio" de Martin Scorsese, patrocinada por los jesuitas y apoyada por la Santa Sede, y a la teoría del inefable Antonio Spadaro al respecto -que será objeto de análisis en una próxima entrada del blog-. Nada cambia tanto la conciencia y mentalidad de la gente que el cine, que lo ve todo el mundo, a diferencia de los documentos papales, que no los lee apenas nadie. Un buen titular tiene más efecto que una buena encíclica, aunque la publicidad o las campañas periodísticas difundan el error y lo transmitido sea falso.
  • Las sorprendentes declaraciones del Papa de que los protestantes no deben convertirse -al catolicismo-, sino ser buenos protestantes, incluso haciéndolo extensible a los fieles de cualquier otra religión.
  • La introducción de una "apóstola" en los Libros litúrgicos. ¿Para establecer próximamente el diaconado femenino en la Iglesia? ¿O, tal vez, para justificar las "sacerdotisas" protestantes? Hay que tener en cuenta que el "sacerdocio" femenino protestante ya es irreversible; recuérdense las varias veces en que el Papa ha recibido, o ha sido recibido, por "obispas". Algo aparentemente sin importancia y sobre lo que nadie ha protestado, pero que, sin duda, tiene alguna finalidad. Si no fuera así, no se habría hecho -hasta ahora la Iglesia jamás ha visto su necesidad en los dos últimos milenios-. Nótese que el decreto por el que se equipara a Santa María Magdalena con el resto de los Apóstoles y se eleva su grado litúrgico (véase el Decreto: la celebración de Santa María Magdalena elevada al grado de fiesta en el Calendario Romano General (3 de junio de 2016), así como la carta que lo acompaña, están firmados por el ya mencionado arzobispo Arthur Roche, Secretario de Culto Divino.
A tenor de todo lo dicho, es claro que la obligación del Papa -de cualquier Papa-, de custodiar y difundir el Depósito de la Fe que ha recibido, no se estaría cumpliendo si el objetivo fuera el señalado más arriba, sino que se estaría cambiando todo para crear otra cosa. Aparentemente, la voluntad del Papa parece encaminarse a la creación de una super-iglesia cristiana, diversa de la Iglesia Católica tal y como la fundó Nuestro Señor y como se ha conservado hasta la actualidad, para propiciar la intercomunión. Con esta perspectiva serían más comprensibles ciertas afirmaciones del Papa, como que "Dios no es católico". Tampoco hay que restar importancia a la agenda del Cardenal Kasper, que va cumpliéndose sin prisa, pero sin pausa. Él mismo ha expresado, en una entrevista concedida el mes pasado al diario italiano Avvenire, su esperanza de que pronto pueda haber una intercomunión con los protestantes, especialmente en los matrimonios mixtos.

Lo que parece claro es que al Papa Francisco no le gusta lo que ha heredado. No le gusta la Iglesia tal y como ha sido hasta ahora; y la quiere cambiar. Quizás se deba a su creencia de que todos seremos juzgados por las obras de misericordia corporales -en este sentido, las espirituales ni las menciona-, su casi exclusivo interés por la labor humanitaria y, en el caso del la unión de los cristianos, el énfasis que ha puesto, como así se refleja en los documentos mencionados anteriormente, en la cooperación ecuménica con los protestantes en la realización de estas tareas de ayuda humanitaria, que es lo único que parece interesarle. Su intención podrá ser buenísima, pero éso no es la Iglesia.

¿Recuerdan lo que pasó con el tema del "Mandatum" o Lavatorio de los pies del Jueves Santo? Hasta hace poco estaba estipulado que sólo se realizase a hombres, no a mujeres. ¿Qué hizo el Papa Francisco al respecto? Al principio, desobedecer las leyes litúrgicas, como podemos ver aquí -exactamente como ya hacía cuando aún no era Papa y estaba en Buenos Aires-; y, a continuación, después del revuelo causado, cambiar los textos litúrgicos para que se pudiera hacer (ver aquí), desvirtuando el significado del propio Mandatum. Tal actitud tiene su lógica: si la Tradición te impide realizar tus planes, cámbiala. Y al que se aferre a la misma o a cualquier documento magisterial precedente, se le señala como "fariseo" y "doctor de la ley", para así neutralizarlo, y ya está. La pregunta que planea en el aire es: ¿los cambios en la Curia son meramente administrativos o para retirar a personas que obstaculicen ciertos planes? El tiempo nos dará la respuesta y veremos si todo esto es cierto.

En cualquier caso, una cosa es constatable con respecto a los cambios llevados a cabo en la Iglesia en las últimas décadas, y especialmente durante el presente pontificado: los protestantes no vuelven y los católicos se marchan; no al protestantismo -salvo a las sectas evangélicas, en Centro y Sudamérica-, sino al indeferentismo religioso, al agnosticismo y al ateísmo. Sirva de ejemplo lo acontecido en Brasil, donde, a pesar de la visita del Papa para celebrar en Río de Janeiro la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ 2013), se acaba de hacer pública la pérdida de nueve millones de católicos en el país desde 2014 (ver aquí). Vamos, todo un logro. Con este panorama, se puede afirmar sin miedo a equivocarse que la popularidad de este Papa está inflada por los medios de comunicación; especialmente por los anticatólicos -que son prácticamente la mayoría-. Pero la realidad es muy tozuda: este Papa llena titulares, pero vacía las iglesias. Si no cambia de consejeros, el desastre es seguro.

Por último, debo aclarar que la fotografía que abre esta entrada fue tomada anteayer, martes 10 de enero, durante una visita que S. E. R. Robert S.R.E. Card. Sarah, aún Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y disciplina de los Sacramentos, realizó a S. S. Benedicto XVI, de la que no han trascendido más detalles. ¿Habrá salido el tema de lo acontecido -o por acontecer- en la Congregación que preside? Quizás. En cualquier caso, para estar retirado, el Papa emérito está recibiendo últimamente bastantes visitas... Habrá que prestar atención a próximos acontecimientos en este, previsiblemente, "movido" año de Nuestro Señor de 2017.

Aquí transcribo el artículo de Sandro Magister que he mencionado al principio:

Un despido, una demolición: aquí está la nueva curia

La reforma de la curia vaticana que el papa Francisco está llevando a cabo se cumple en parte a la luz del sol y en parte en las sombras.

Entre las medidas adoptadas recientemente hay dos que son emblemáticas.

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Respecto a la primera medida ha descorrido el velo el vaticanista Marco Tosatti, cuando el 26 de diciembre dio a conocer la orden dada por el Papa a un jefe de dicasterio para que despidiera sin previso aviso a tres de sus funcionarios, orden dada sin explicación alguna y sin aceptar objeciones.

Hoy se sabe que el dicasterio en cuestión no es de segundo orden, pues es la Congregación para la Doctrina de la Fe. Los tres despedidos gozaban de pleno aprecio por parte de su prefecto, el cardenal Gerhard L. Müller, a su vez objeto de reiterados actos de humillación en público por parte del Papa.

¿Pero de los tres destituidos quién es el funcionario del que Francisco en persona –tal como fue informado por Tosatti– se quejó amargamente por teléfono por haber expresado críticas contra él, las cuales llegaron a oídos del Papa gracias a un delator?

Es el sacerdote Christophe J. Kruijen, de 46 años de edad, holandés al servicio de la Congregación para la Doctrina de Fe desde el 2009, teólogo de reconocido valor, premiado en el 2010 por la embajada de Francia en la Santa Sede con el prestigioso Premio Henri De Lubac, asignado a él en forma unánime por un jurado que incluyó a los cardenales Georges Cottier, Albert Vanhoye y Paul Poupard, por sus tesis teológica titulada: "Salvezza universale o doppio esito del giudizio: sperare per tutti? Contributo allo studio critico di un'opinione teologica contemporanea riguardante la realizzazione della dannazione" [¿Salvación universal o doble resultado del juicio: esperanza para todos? Contribución para el estudio crítico de una opinión teológica contemporánea respecto a la implementación de la condenación], tesis sostenida en la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino, bajo la dirección del teólogo dominico Charles Morerod, posteriormente rector de la misma universidad y hoy obispo de Lausana, Ginebra y Friburgo.

Los "novísimos", es decir, la muerte, el juicio, el infierno y el paraíso, es el tema predilecto de los estudios de Kruijen. Pero también se valora de él un excelente ensayo sobre Edith Stein, la filósofa judía y luego monja carmelita, asesinada en Auschwitz en 1942 y proclamada santa en 1998: "Bénie par la Croix. L'expiation dans l'oeuvre et la vie d'Edith Stein".

En los escritos y en los discursos públicos de monseñor Kruijen no hay una sola palabra de crítica a Francisco. Pero fue suficiente una delación arrancada de una conversación privada suya para hacerlo caer en desgracia con el Papa, quien ha blandido el hacha.

También con esto se hace la reforma de la curia, a las órdenes y con el estilo de Jorge Mario Bergoglio.

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La segunda medida llevada a cabo en las sombras se refiere a la Congregación para el Culto Divino, de la cual es prefecto el cardenal Robert Sarah, también él objeto de reiteradas humillaciones públicas por parte del Papa, ahora condenado a presidir las oficinas y los hombres que están en contra de él.

Dirigida por el secretario de la Congregación, el arzobispo inglés Arthur Roche, se instituyó por voluntad de Francisco una comisión cuyo objetivo no es la corrección de las degeneraciones de la reforma litúrgica postconciliar –es decir, la "reforma de la reforma" que es el sueño del cardenal Sarah– sino precisamente lo contrario: la demolición de uno de los muros de resistencia a los excesos de los liturgistas postconciliares, la instrucción "Liturgiam authenticam" promulgada en el 2001, la cual fija los criterios para las traducciones de los textos litúrgicos del latín a los idiomas modernos.

Con Benedicto XVI estos criterios fueron posteriormente reforzados, en especial por la voluntad del Papa de mantener firme el "pro multis" del Evangelio y del misal latino en las palabras de la consagración de la sangre de Cristo, contra el "por todos" de muchas traducciones habituales.

Pero Francisco ha dado a entender inmediatamente que la cuestión le era indiferente. Ahora, con la institución de esta comisión, cumple con las expectativas de modernización del lenguaje litúrgico promovidas, por ejemplo, por el liturgista Andrea Grillo, profesor en el Pontificio Ateneo San Anselmo y muy apreciado en la Casa de Santa Marta:

> La traduzione/tradizione impossibile: i punti ciechi di “Liturgiam authenticam”

Están los que temen que después de la demolición de "Liturgiam authenticam" el próximo objetivo de esta o de otra comisión sea la correción de "Summorum pontificum", el documento con el que Benedicto XVI liberalizó la celebración de la misa en rito antiguo.


(Artículo original aquí).

martes, 10 de enero de 2017

El Cardenal Burke explica cómo será la corrección formal al Papa y contradice las recientes declaraciones del Cardenal Müller: "Amoris laetitia es un peligro para la fe y la corrección al Papa se hará"

Como indica el título de esta entrada, y en claro contraste con las palabras dichas por el Cardenal Müller en el programa de televisión italiano "Stanze Vaticane", del canal Tgcom24, comentado durante todo el día en páginas católicas de Internet, el Cardenal Burke ha afirmado en una reciente entrevista, que "Amoris Laetitia" (AL) sí supone un peligro para la fe y que se hará una corrección del Papa. Además, ha añadido que no teme perder la púrputa -cardenalicia-, sino que teme más el juicio de Dios. Fue en una entrevista concedida en exclusiva a M.J. Matt, del periódico The Remnant, que la publicó en su formato de papel el pasado día de Navidad y en formato digital ayer, 9 de enero (ver aquí).

El pasado domingo 8 de enero, el Cardenal Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en una entrevista en la que contradijo su postura previa al respecto (ver aquí), aseguró que no habrá una corrección al Papa a corto plazo porque no hay peligro para la fe: "Una corrección fraterna al Papa me parece muy lejana, en este momento no es posible porque no hay ningún peligro para la fe".

El Cardenal Burke, además, ha vuelto a reiterar que "Amoris laetitia" no es un documento magisterial, como indica el mismo Papa Francisco en dicho documento. Según Burke, algunas afirmaciones confusas del documento, aunque no sean heréticas materialmente, necesitan ser aclaradas, porque pueden inducir a error a los fieles en cuestiones muy serias. Para él, si no llegase una aclaración por parte del Papa el resultado sería devastador.

En cuanto a si teme perder el capelo cardenalicio, Burke ha asegurado que conoce cuál es su deber y que no teme decir la verdad. En cambio, dice temer estar ante Nuestro Señor en el Juicio Final y tener que decirle: "No, no Te defendí cuando estabas siendo atacado y la verdad que Tú enseñaste estaba siendo traicionada".

Al ser preguntado sobre si la situación actual se parece al tiempo de la herejía arriana en el siglo IV, dice que en cierto modo sí: "Ahora están en juego dos verdades de fe: la que se refiere al sacramento del Matrimonio, y la que se refiere al sacramento de la Eucaristía, y si no se pone coto a la confusión actual, llegará un momento que habrá amplios sectores de fieles que no tengan la Fe Católica, como los que se encontró San Anbrosio cuando fue nombrado Arzobispo de Milán".

Y en cuanto a cómo sería esa corrección formal, el Cardenal Burke ha aclarado que no sería muy diferente a las "dubia". En otras palabras, aquellas verdades que parecen ser puestas en cuestión por AL simplemente se cotejarían con lo que la Iglesia ha enseñado, practicado y anunciado siempre en su Magisterio oficial. De esta manera dichos errores serían corregidos.